En la actualidad la mayor parte de marcas de gran consumo están realizando un gran esfuerzo para alcanzar la sostenibilidad y el envasado de sus productos es uno de los ámbitos donde más cambios se están viendo a día de hoy. Vemos muchas mejoras en el ecodiseño de sus envases, en los elementos que facilitan su reciclabilidad, en el uso de materiales con menor impacto ambiental, etc.

Es un cambio muy necesario y que desde recycl3R promovemos y apoyamos en todos los aspectos. Sin embargo, a la hora de comunicar públicamente el esfuerzo que se está realizando debemos de ir con cuidado al utilizar conceptos de sostenibilidad ambiguos o poco conocidos. Si no lo hacemos podemos generar confusión entre los consumidores e incluso conseguir el efecto contrario al deseado. Un claro ejemplo que vemos habitualmente es el uso del concepto ‘biodegradabilidad’ en los envases de plástico, un concepto que está generando mucha confusión e impactos negativos.

Cada vez es más común ver en el mercado envases de plástico que incluyen mensajes como Biodegradable o 100% Biodegradable. Estos envases son visualmente idénticos a los convencionales, pero incluyen aditivos que hacen que el plástico se descomponga y fragmente más rápido de lo habitual en determinadas condiciones. El problema es que los consumidores desconocen de manera generalizada qué implica realmente este concepto y cómo debemos gestionar este envase cuando se ha convertido en residuo.

Se puede percibir como un material orgánico

Es habitual que un consumidor asuma que se trata de un envase que se va a degradar de manera natural, como lo haría un producto orgánico (como una manzana), y deja de considerarlo como un material plástico. En este caso, este consumidor podría depositar erróneamente este residuo en la fracción orgánica, lo que aumentaría la cantidad de impropios (residuos que no deberían en esa fracción) y podría incluso hacer que se descarte esa recogida separada de orgánica por no ser adecuada.

Dado el gran esfuerzo que se está haciendo por aumentar la recogida selectiva de material orgánico en muchos países de nuestro entorno, se hace más acuciante dar solución a los ciudadanos para evitar este tipo de confusión.

¿Cómo debemos gestionarlo al final de su vida útil?

De manera generalizada, podemos decir que este tipo de envases se deben depositar en la fracción resto o rechazo ya que, por los aditivos que contienen, no son adecuados para depositar en la fracción de material plástico. La degradabilidad que le aportan los aditivos haría que al mezclarse con el resto de materiales se disminuya la calidad del material resultante del proceso de reciclaje.

¿Cómo podemos ayudar al consumidor?

Una opción sería prohibir la utilización de dichos materiales o el uso del concepto de biodegradabilidad, como se ha hecho en países como Francia o Bélgica. Un camino punitivo que puede comprometer los esfuerzos en innovación sobre biodegradabilidad de materiales.

Otra opción sería seguir innovando en este sentido, pero ayudar a dar información clara y sencilla al consumidor para que entienda qué material tiene entre las manos y cómo gestionarlo correctamente.

Desde recycl3R apostamos por soluciones digitales que permitan ofrecer información precisa sobre la sostenibilidad del producto que tenga el consumidor e informar de manera clara y sencilla de cómo debe reciclar correctamente cada componente allí donde se encuentre dicho consumidor. Así, conseguimos que las marcas interactúen de manera directa con sus consumidores y les ayuden a entender cómo ese envase biodegradable es diferente a un envase plástico convencional.